El Tiempo Que No Corre

Maria Fernanda Samper

Quien busca lo eterno no sabe lo que exige. De la eternidad se ha dicho mucho y se le ha pedido todo. Por eterno se ha entendido desde la negación del tiempo hasta la perfección del presente. La conciencia del presente, el disfrute del momento. Se ha enfrentado una duración temporal infinita con la aniquilación del porvenir. Quien busca lo eterno puede estar deseando el tiempo inmóvil, el tiempo que no corre sin que esto signifique que la dimensión del espacio y la posibilidad de actuar varíen. De ahí la imposibilidad de la eternidad deseada y de la perfección que excluye el cambio que viene con los acontecimientos. De ahí también el valor de recordar. El valor de la memoria y su poder para revivir los recuerdos. De ahí la nostalgia que aparece por la dificultad de recordar con exactitud para resucitar los momentos vividos. Nostalgia que se tergiversa con la influencia de la imaginación que maquilla los eventos a su acomodo.

¿Qué es la imaginación sino crear retratos mentales?¿Qué es imaginar, sino crear nuevas imágenes a partir de lo conocido?  Nuestros recuerdos se modifican y las imágenes cambian. Pero siempre queremos recordar. Una y otra vez. Volver a esos momentos, aquellos que tanto valoramos y no queremos dejar atrás. Esos que a veces modificamos más de lo que quisiéramos, porque involuntariamente nos imaginamos cómo fueron y deseamos que así hubiesen sido. Porque las imágenes en nuestra memoria no son eternas. Porque las ajustamos, porque las adornamos. Porque si hay un retrato que es eterno es el que se imprime. El que no puede ser modificado o retocado. Porque la única forma de que una imagen impresa cambie, es destruyéndola. Porque mientras se mantenga viva, es eterna.